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El grito en el Deporte: ayuda ergogénica? (I)

pau-gasolHace un par de meses, mientras “jugaba” a escalar con mi amigo Gonzalo, al lado tiraban rutas Raúl Ravanal y Fernando Quevedo. Lógicamente habían un par de años, grados y kilos de distancia entre ambos team (bueno, cada cual se dedica a deportes y especialidades muy distintas, seamos claros). Mientras intentaban unas vías satánicas los escuchaba comentar “es psicológico weon, es psicológico”, en relación a que no lograban un paso (fuera del grado del terror, sumémosle el que deben haber llevado un par de horas entrenando).

En el mismo juego, también destacaban los gritos de Raúl a más de 10 metros de altura. Esto me recordaba el lazo sanguíneo que comparten con Tomas Ravanal –del cual soy su Entrenador Mental desde hace unos años-, al cual he observado y analizado en varios entrenamientos. Fernando y Raúl me preguntaban sobre este aspecto, ¿Qué pasa con los gritos?, ¿para qué sirven?, ¿Por qué los hacemos?

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Años atras era un buen practicante del atletismo (entre otros deportes). Por becas me toco entrenar en el CAR, en donde debía compartir horas en la sala de pesas. En este ambiente escuche o me comentaron que el grito (porque no solo en la escalada los deportistas gritan) generaba una contracción muscular del tronco que potenciaba la “fuerza” en estas extremidades.

Si revisamos, en varios deportes-en especial en los de fuerza/potencia-, es que muchos atletas GRITAN con todo. Si, la escalada, los lanzamientos en atletismo, el tenis, artes marciales…

El grito, per se, es una conducta de intimidación. Elevamos la voz al discutir, a través de esto buscamos imponernos. Está ligado a aspectos básicos y emocionales.

El haka de los All Blacks funciona de la misma manera: intimida. Nadie sabe que cantan estos gigantones, pero si estas en la cancha a 10 metros de ellos y ves a ese centenar de kilos gritarte el haka y mirarte con esos ojos desorbitados… muchos se orinarían en ese mismo instante.

En una línea similar, el grito sirve para llamar la atención. Tanto en el gimnasio como en roca me ha tocado estar cerca de personajes que lo único que quieren es llamar la atención: escalar sin polera –cuando no hace calor, pelo al viento, hablar fuerte, y lógicamente chillar como chancho en matadero a la hora de escalar. Y no, no es un 5.15 ni nada cercano… pero tiene los ojos de todos sobre él.

Al entablar una discusión, el chimpanceé (en palabras de Steve Peters, psiquiatra especialista en deportes, asesor de equipos de futbol así como de varias selecciones  olímpicas inglesas) intenta intimidar y tomar el mando –para ganar- a través de elevar la voz, para muchas veces terminar gritando. Nuestro cerebro de primate.

 Pero me voy por las ramas.

El grito como ayuda ergogénica.

Las ayudas ergogénicas (del griego ergón que significa trabajo) teóricamente permiten al individuo realizar más trabajo físico del que sería posible sin ellas (Wootton, 1988).

 El término ergogénesis significa producción de energía. Si una determinada manipulación mejora el rendimiento a través de la producción de energía, se denomina ergogénica y si lo reduce ergolítica, por tanto, una ayuda ergogénica es toda aquella sustancia o fenómeno que mejora el rendimiento.

Una AYUDA ERGOGÉNICA puede ser definida como una técnica o sustancia empleada con el propósito de mejorar la utilización de energía, incluyendo su producción, control y eficiencia. Son procedimientos que básicamente ayudan a potenciar alguna cualidad física, como la fuerza, la velocidad, la coordinación, ayudan a disminuir la ansiedad, los temblores, el control del peso, el aumento de la agresividad, la mejora de la actitud competitiva, y la demora de la fatiga o aceleración de la recuperación del organismo.

Dentro de esto encontramos fármacos, alimentos y técnicas; todo específico para cada deporte o disciplina (la dieta de un maratonista va a ser distinta en su composición a la de un levantador de pesas, o de un ajedrecista –para ser extremos-. Esta dieta buscara potenciar el rendimiento de cada atleta, más allá de cumplir el gasto calórico).

El grito estudiado como recurso ergogénico tiene algunas investigaciones, de los cuales hablare y comentare (en una segunda parte):

far901-gritoComo principal antecedentes se cuenta con la investigación de Ikai y Steinhaus (1961), los cuales estudiaron el aumento de fuerza de brazo en el levantamiento de pesas después de efectuar un grito (medido con un flexómetro de brazo). Según estos autores, el estímulo del grito aumento la fuerza por encima de los niveles normales debido a una modificación temporal de la función del sistema nervioso central. Estos afirman que “las personas operan normalmente a un nivel de inhibición neural que les impide expresar su verdadera capacidad de fuerza” (en Salazar y Zamora, 2002).

Estos autores concluyen que “la utilización del grito es suficiente solamente para bloquear los procesos inhibitorios internos en un sujeto y así llegar a un rendimiento aparentemente supermáximo” (en Salazar y Zamora, 2002).